Categoría: Amor
1 Marzo 2006
Una vez dije que contaría esto... Es increíble cómo funciona nuestra memoria, que nos hace acordarnos de cosas cuando nos ponemos a pensar, que no imaginaríamos que recordamos y, seguramente, estén presentes en más actos y actitudes diarias de los que creemos.
Nota: Quizás alguna cosilla no sea del todo real, pero no es difícil deducir cuál.
Fue a los doce años y era diciembre. Mis padres me llevaron al hospital porque me ocurría un fenómeno paranormal de posesión maligna. Supongo que todas las posesiones son paranormales, pero esta era muy muy mala. La verdad es que se derivaba en que me ponía a sudar desmesuradamente sin motivo y ni el tato sabía porqué. Menos mal que no despido olores y que yo era el único que sabía el tema de la posesión infernal.
El caso es que mis padres me llevaron al hospital hartos de que repitiera continuamente "¿has visto lo que hace el cerdo de tu hijo?" Como no tenían ni pajolera idea de lo qué pasaba, decidieron alojarme allí. El hospital, para más señas, es La Concepción, sí, ese, en el que hace un par de años a una médico le dio un yuyu y se puso a acuchillar a la peña.
Recuerdo que me pusieron en una camilla y me subieron en un ascensor con las paredes metálicas, muy hospitalario todo. Era de noche y entramos en una habitación en penumbra. Al fondo, una ventana dejaba adivinar las luces de la calle Isaac Peral. Siempre me gustaba pasar por allí con mi padre porque había un concesionario de Ferrari y cada vez elegía uno diferente. Al cruzar la puerta ví que había dos camas, la más alejada de la puerta y más cercana a la ventana era la mía, porque estaba vacía. En la otra, en cambio, adiviné por el rabillo de ojo la silueta de una persona. Al girar la cabeza ví a una chica tapada hasta la cintura con la cama reclinada hacia delante.
Yo con 12 años, creyéndome todo un tiarrón y ¿me iban a poner en la habitación con una piba? En la camilla en ropa interior tapado con una sábana y van y me piden que me pase a la cama vacía. Hay que joderse. Y la tía sin quitar ojo. Mis padres se fueron a casa y yo me quedé allí con aquella chica. Tuve que ponerme el disfraz de Flash y pasar de una cama a otra a toda leche. Empezamos a hablar y me dijo que se llama Ana. No sé cómo fue pero acabamos haciendo el gilipollas con una bolsa de plástico, tirándola de un lado a otro. Recuerdo cómo nos reíamos, que no podíamos parar y que al final acabaron viniendo las enfermeras a llamarnos la atención.
Más adelante me enteré de que tenía 15 o 16 años y que estaba allí por alguna historia de piedras en el riñón. Pasé 15 días con pruebas de todo tipo y sin saber qué me pasaba. La gente venía a verme y lo cierto es que hacía bastante poco caso, todo mi interés estaba puesto en Ana y en lo bien que lo pasábamos juntos. A los pocos días la cambiaron a a la habitación de enfrente, con paredes naranjas, porque había entrado otro tío y creyeron que estaríamos mejor dos tíos y dos tías... Malditos...
Recuerdo cómo se cambiaba la camiseta delante de mí sin ningún corte y cómo el día antes de que me dieran el alta, en el pasillo, con ella apoyada en la pared y yo dando leches a la pared le dije que me gustaba, pero no pasó de ahí. Me da que me dijo que era muy canijo.
Después se que hablamos un par de veces por teléfono y que una vez su madre llamó a mi casa y le dijo a mis padres que me invitaba a su cumpleaños, que era en Aluche. Se que me acojoné y no llegué a ir. Y desde entonces no volvimos a hablar. Muchos años después no se porqué historia estaba en un bar de copas y me vino a la cabeza un número de teléfono. Era el suyo. Es increíble cómo nos podemos acordar de algunas cosas.
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22 Febrero 2006
El pasado 14 de febrero y los dos o tres días precedentes aparecieron en La Coctelera los típicos textos en determinados blogs con títulos tan originales como "Feliz San Valentín", etc. El caso es que se me pasó por la cabeza la primera vez que me pillé en serio por una tía e iba a contarlo uno de estos días. Al final creo que no lo haré, porque la única motivación que veía era escribirlo para que no se me olvidase. Me sorprendió la cantidad de cosas de las que me acordaba. Y eso que fue a los 12 años. E incluso detalles como colores determinados se me venían a la mente.
A lo que voy es que es curioso cómo nuestra cabeza guarda cosas que a veces no sabemos que están ahí y que, a poco que toquemos los mecanismos adecuados podemos descubrir y ver que, quizás, influyen más en nuestros actos, forma de actuar o de ser que lo que creemos. Cosas que, quizás la mayoría del tiempo permanezcan en una parte camaleónica de nuestro coco pero que están ahí de la mano con nuestro carácter, forma de ser y actitud. Para bien o para mal.
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15 Febrero 2006
Y esto se lo dedico:
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9 Octubre 2005
Hace unos años había dos selenitas en la Tierra. Ninguno sabía de la existencia del otro. Un día, el viento hizo que se cruzaran. El impacto fue tal que durante un tiempo ninguno se dió cuenta del paso de las horas y los meses... hasta que, un día, un golpe de viento hizo que se separaran. Desde entonces, los dos saben que serán los únicos selenitas de la Tierra, a pesar de que crean cruzarse con otros, jamás consiguen volver a sentir la sensación que sintieron aquellos días. No se ven ni se hablan, pero ambos saben que, los días de viento, sólo hace falta soplar un poco para que el otro sienta su pelo moverse de tal forma que imagine que un día volverán a cruzarse para no separarse jamás.
Pd-. Selenita: Habitante imaginario de la Luna: antes de que el hombre llegara a la Luna se creía que podía haber selenitas.
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11 Agosto 2005
Elen Fisher, según un dominical una de las mayores expertas en el estudio científico del amor, constata la caducidad del enamoramiento: entre 18 meses y tres años. Según ella, "después, con suerte, queda el apego". No sé hasta qué punto esto es cierto.
Fisher se pregunta: "¿cómo es posible que seamos capaces de permanecer tanto tiempo unidos? El 97% de los mamíferos no crea este tipo de tándems. Entonces, ¿por qué lo hace el ser humano? Lo que es asombroso es el simple hecho de que nos emparejemos y seamos fieles, y el motivo que explica esta conducta es esa extraña fuerza de atracción que llamamos amor".
Personalmente, no he tenido ninguna relación de tres años, lo máximo fueron dos años y medio y creo que tras cierto tiempo no se siente lo mismo que al principio y no sólo por el transcurrir de la relación, sino por una cuestión también química. Las mayores crisis llegan cuando he llevado un año con distintas personas y a veces es difícil identificar el porqué no se siente lo mismo si en principio nada ha cambiado. O quizás sí, quizás la forma en que idealizábamos a la otra persona, lo misteriosa que era deja de tener cierto sentido y pierde cierto interés.
Supongo que los más jóvenes tienden a no conformarse tanto e intentar continuar la búsqueda de alguien más por idealizar y los más mayores la de la persona con la que, una vez pasado dicho período de subidón, puedan seguir sintiendo lo que Fisher llama amor sin llegar a ser conformismo ni una actitud para no estar solos.
Fisher compara el amor con una droga, dice: "lo más importante es mantenerse alejado de ella. Los síntomas de abstinencia son exactamente los mismos que aparecen cuando uno se desengancha de la cocaína: ansia intensa, melancolía, agotamiento, aturdimiento. Aunque existen diferencias. Uno no se mata por no poder seguir esnifando cocaína. Además, dice Fisher, el grado de dependencia de la droga amor parece disminuir con el tiempo, mientras que el que toma cocaína seguirá experimientando el mismo ansia. Por el contrario, una vez que uno consigue un amante, lo más normal es que llegue un momento en que ya no tenga ganas de verlo todos los días.
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14 Julio 2005
El pasado fin de semana hablando con una chica comentábamos que si encontráramos a la persona ideal no nos importaría irnos a vivir al campo en plan hippie y dejar nuestras ciudades. No sé hasta qué punto cuando una persona cree haber encontrado a la compañera o compañero perfecto rompe con ciertas cosas y deja de lado otras que quizás no debiera. El ejemplo de irse a vivir al campo quizás no sea de esos, pero hay otros casos muy habituales como dejar de salir con amigos y amigas para someterse a la pareja incluso cuando ni ella lo pide. A veces por simple amor, real o irreal, y otras veces por simples celos de cuanto más esté con él o ella más lo conservaré. Y es un error, puesto que la rutina y el verse a diario y muchas veces sin saber realmente qué hacer o decir empeora las cosas. Si piensas que amas tanto a tu pareja que te morirías si te dejase y sientes celos a menudo o ansiedad ante la posibilidad de un abandono, eso no es amor, sino dependencia.
Las relaciones de pareja muchas veces se tornan de dependencia en plan maternal o paternal y se componen de personas que a veces tienen miedo a estar solas más que disfrutar de la relación. Se nota también cómo cuando no se tiene qué hacer lo más fácil es echar un polvete, estar abrazados en la cama y poco más. Parece que el añadir números a la edad y verse solo no es bueno y hay que tener pareja sea quien sea. A mí me encantaría irme al campo, de echo la chica con la que lo hablaba me resultaba la persona perfecta, pero hay que saber ser independiente y establecer las relaciones de pareja de otra manera a la que muchas personas se ve que las llevan hoy en día.
Es diferente dejarse influir que depender. La influencia es algo que eliges voluntariamente. Creo que hay que preguntar las metas y deseos, las cosas que son importantes, y dar apoyo. Hay que saber reconocer que tiene su propia vida, y sueños propios. Hay mogollón de relaciones basadas en el egoísmo.
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6 Julio 2005
Hace tiempo me cuesta muchísimo dormir por las noches. Ahora son las 2 y media de la mañana y se está bien en casa, hay aire acondicionado y, a pesar de los tejados de pizarra que se confunden con el oscuro del cielo y de los techos abuardillados que denotan que mi habitación está en un último piso, el ambiente es respirable para ser la noche del 5 de julio al 6 de julio de Madrid.
Mi posición preferida debe ser boca arriba, porque a pesar de que siempre que me pongo a intentar dormir adopto la posición contraria, me despierto al revés. Suelo cambiar la cabeza apoyada en la almohada de lado, porque me incomoda escuchar los latidos del corazón. Hace tiempo, dormía con pijama, ahora ya le ahorro el curro a la mujer invisible perfecta que viene fijo a visitarme cada noche y cuyo recuerdo olvido al abrir los ojos. Quizás el insomnio se debe a que la quiero descubrir como si se tratara de los reyes magos. 
En fin, he llegado a la conclusión de que el insomnio es debido a algo que me inquieta. Quizás lo de Madrid 2012, aunque tenga en la cabeza que saldrá París (no me importa porque no me caen mal, todo menos N.Y o Londres) y no me preocupe demasiado el tema. Quizás que el jueves sea mi cumpleaños, otro 7 de julio, 28 años, pero a primera vista no me preocupa cumplir más, ni si quiera recibir regalos (a no ser que sea un yate o una casa) y a pesar de pensar un poco quién me llamará a la vez saber que cuando suene el teléfono y haber deseado que sonara ni siquiera apetecerme cogerlo para repetir gracias y las frases de conversaciones que ya me sé. Es como si en vez de 28, cumpliera 700 años y nada me sorprendiera.
Quizás recuerde la discusión que tuve con una antigua novia cuando me llamó en mi cumpleaños después de no saber nada el uno del otro desde hacía tiempo y yo le dije que no hacía falta que me llamara por cumplir, que si alguien se acordaba de alguien se podía llamar cualquier otro día. El año siguiente, llamó el día anterior a mi cumpleaños. Quizás sea que repasaré por enésima vez las etapas de mi vida y lo que me gustaría cambiar. Quizás a pesar de saber que hay que mirar al futuro que puede ser mucho mejor no me lo crea.
Quizás pueda ser también que el pasado día 3 de hace 2 años murió mi padre. Quizás le eche mucho de menos.
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10 Junio 2005
No sé si decir esto levantará ampollas pero parece ser que hay ciertas chicas (no me gusta generalizar pero sois la mayoría) que prefieren dejar irse del bar de copas al que creen que es el hombre de su vida sólo porque él es el que tiene la obligación de entrarlas.
Prefieren eso antes que dar el paso que deberían dar y que dejan de hacer por ser tías.
La verdad es que es peor, porque tengo la experiencia de saber que los tíos que más merecen la pena son los que menos entran y los más babosos son los que lo hacen. No hay más que escuchar de refilón alguna conversación. Ellas supongo que prefieren conformarse con eso.
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